Susana Valenti, docente, ensayista y poeta argentina
Cada día es un eco, un rastro, algún gemido.
Tal vez, pregunta algo que en su boca se duerme.
Y luego balbucea, apretando los labios:
Amigos, olvidadme.
Llevando la mano al pecho pretende conocer
el final de la duda,
el valor inconciente de las contradicciones.
Hombre es, que muerto o vivo
estalla y resucita.
Qué difícil es velar la madrugada. Solo.
Hay días en que los recovecos del mundo
son barreras o pozos,
recuerdos imperfectos que están siempre
al alcance de su mano
y el suelo en el que pisa se parece
a todos los sitios que se han ido.
Días en que los ojos parecen faros
que conducen a las embarcaciones
hacia el naufragio seguro de la memoria.
Mientras, una bandada de gaviotas
planea a millas de distancia de este sueño,
que también se perderá
no sin antes haberlo desterrado.
Susana Valenti… Docente, ensayista y poeta argentina
Cada día es un eco, un rastro, algún gemido.
Tal vez, pregunta algo que en su boca se duerme.
Y luego balbucea, apretando los labios:
Amigos, olvidadme.
Llevando la mano al pecho pretende conocer
el final de la duda,
el valor inconciente de las contradicciones.
Hombre es, que muerto o vivo
estalla y resucita.
Qué difícil es velar la madrugada. Solo.
Hay días en que los recovecos del mundo
son barreras o pozos,
recuerdos imperfectos que están siempre
al alcance de su mano
y el suelo en el que pisa se parece
a todos los sitios que se han ido.
Días en que los ojos parecen faros
que conducen a las embarcaciones
hacia el naufragio seguro de la memoria.
Mientras, una bandada de gaviotas
planea a millas de distancia de este sueño,
que también se perderá
no sin antes haberlo desterrado.